El mundo no habla. Sólo nosotros lo hacemos. El mundo una vez que nos hemos ajustado al programa de un lenguaje, puede hacer que sostengamos determinadas creencias.                                R. Rorty.




Nadie por ser joven vacile en filosofar, ni por hallarse viejo se fatigue de filosofar. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma.

Epicuro


¿Un mal vecino? Para sí mismo, pero para mi bueno. Entrena mis buenos sentimientos, mi ecuanimidad. ¿Un mal padre? Para sí, pero para mi bueno. Esto es la varita de Hermes. Toca lo que quieres-dice-y se convertirá en oro". No, sino: "Venga lo que quieras y yo lo convertiré en un bien".

          Epicteto.




Una filosofía que no tenga un potencial transformador y liberador no es una buena filosofía.

Es sólo apariencia de conocimiento, pero no es conocimiento real.

Una filosofía que sea una fábrica de mediocres ilustrados, y no de mejores seres humanos;

de pedantes, y no de personas veraces;

de intelectuales, y no de sabios;

de malabaristas de las palabras y las ideas, pero no de personas capacitadas para el silencio interior

y para la visión que solo este proporciona, no es filosofía esencial.

                                                                                       Mónica Cavallé, La sabiduría recobrada.

                                                                                       http://www.monicacavalle.com/

Filosofía práctica.

Texto: Cristina Avilés.

Entiendo por filosofía práctica, un movimiento que reivindica la filosofía como forma de vida. Una concepción de la filosofía que parte de un respeto a la esencia de lo que es la filosofía: el amor (Phileo) al conocimiento (sophia), que no es otra cosa, que el deseo de comprender y de ahondar en nuestra propia filosofía personal y en nuestras interpretaciones sobre el mundo. No puede comprenderse, pues, el discurso filosófico sin que esté íntimamente unido a una vida filosófica y, de hecho, es el camino o la vía, que da lugar a nuevas comprensiones que posibilitan la transformación interior, una nueva forma de ser y de estar en el mundo.

La filosofía práctica difunde la filosofía a todo el mundo y  la extiende a ámbitos que no son meramente académicos. Algunas actividades, entre muchas otras, son el yoga, la asesoría filosófica, los talleres filosóficos y los cafés filosóficos. En mi caso, me dedico a impartir talleres filosóficos destinados a grupos y a la asesoría filosófica individual. En ambas actividades, el objetivo es profundizar en un trabajo de autoconocimiento, tal como proponía Sócrates, cuando expresaba “que una vida no examinada no vale la pena ser vivida”. El autoconocimiento se realiza desde el enfoque sapiencial, que consiste básicamente, en conectarnos con nosotros mismos, con nuestro yo profundo. Una actividad contemplativa que consiste en llegar a la experiencia directa de nuestra presencia  en el mundo, en un habitar el presente de forma plena. Este proceso se inicia cuando descubrimos, a través del diálogo y de la reflexión, que nuestro yo superficial o ego se ha identificado con unas creencias que son limitadas, en cuanto configuran lo que creemos ser y nos distancian de  lo  que  somos profundamente. Esta toma de conciencia nos conduce a la posibilidad de construir nuevos horizontes de sentido  y a vivir de una forma más auténtica. Desde esta perspectiva, la filosofía es un arte de la vida, siendo el mismo sujeto el propio creador de su vida, a partir de dos premisas básicas,  el amor a la verdad y el compromiso de tratar con radicalidad las cuestiones que le inquietan.

Os invito a realizar un trabajo inicial pero riguroso de autoconocimiento, a los que queráis ver más allá de lo que normalmente veis, a los audaces que no quieren vivir a ciegas y permanecer dormidos. En estos talleres, despertar, ver y comprender se aúnan en un mismo movimiento, que nos permite trascender aquello a lo que nos aferramos, huimos o no queremos enfrentarnos, desde la comprensión y la aceptación, como un asentimiento vivido en el momento en el que estamos, desde una mirada serena y lúcida que nos permite conectar con lo que somos de forma plena. ¡Esculpe, pues, tu propia estatua!

Regresa a ti mismo y mira: si aún no te ves bello, haz como el escultor de una estatua que ha de salirle hermosa: quita, raspa, pule y limpia hasta que hace aparecer un bello rostro en la estatua. También tú, quita todo lo superfluo, endereza todo lo que sea tortuoso, limpia todo lo que esté oscuro, abrillántala y no ceses de “esculpir tu propia estatua” hasta que resplandezca en ti el divino resplandor de la virtud, hasta que veas la Sabiduría en pie sobre su sagrado pedestal ¿Has llegado a esto? ¿Has visto esto? […] Si ves que te has convertido en esto, convirtiéndose tú mismo en una visión al adquirir confianza en ti mismo y ascender hacia lo alto, al tiempo que permaneces en este mundo, sin necesidad ya de quien te guie, entonces, ¡fija intensamente los ojos y mira!

Plotino Enéadas (1, 6,9,7) pág 24 Pierre Hadot, Plotino o la simplicidad de la mirada.